Por un lado tenemos a la gente que prefiere no ducharse y que huelen a cebolla desde primera hora del día. Por otro lado a los gilipollas que llevan la música en el móvil sin auriculares. Un poco más allá está la típica madre que alienta a sus hijos a subir a toda leche en los vagones, colándose como escurridizas ratas entre la gente que está intentando salir; para que vayan pillando sitio para el gordo culo de su puta madre.